HABLA, SEÑOR

 

1. INTRODUCCIÓN

 

El joven Samuel estaba al servicio de Dios con el Sacerdote Helí.

En aquel tiempo era raro oír la Palabra de Dios.

Samuel dormía cuando el Señor le llamó: “Samuel, Samuel”

Samuel buscó e Helí y dijo: “Heme aquí, porque me has llamado”.

No te he llamado, vete a dormir, le contestó Helí.

 

(Y así por tres veces)

 

A la tercera vez, Helí comprendió que era Dios quien llamaba al muchacho;

y se lo dijo a Samuel.

El Señor volvió a llamar: “Samuel, Samuel”

Dijo Samuel: “HABLA, SEÑOR, QUE TU SIERVO ESCUCHA”.

 

(1 Samuel 3, 1-10)

 

Es una narración de AYER y de SIEMPRE.

También hoy es raro oír la voz del Señor,

porque sólo la oyen quienes deseen estar en su cercanía;

y la entienden quienes están... “dispuestos”, “prontos a servir”.

Dios te llama por tu nombre,

y te repite “..............., ..................”

Respóndele, sin contar las veces:

 

“HABLA, SEÑOR, QUE TU SIERVO ESCUCHA”.

  

2. SALMO: Pide al Señor que te muestre sus caminos

 

A ti, Señor, presento mi afán;

en ti, mi Dios, confío, no quede defraudado.

 

Indícame tus caminos, Señor; enséñame tus sendas;

encamíname fielmente, enséñame,

tú eres mi Dios y Salvador, en ti espero siempre.

 

Recuerda, Señor, que tu ternura y tu lealtad son eternas.

El Señor es bueno y recto

y enseña el camino a los pecadores;

encamina a los humildes por la rectitud,

enseña a los humildes su camino;

las sendas del Señor son la lealtad y la fidelidad

para los que guardan su alianza y sus mandatos.

¿Hay alguien fiel al Señor?

Le enseñará un camino escogido;

así vivirá feliz...

El Señor se confía en sus fieles

y les da a conocer su alianza.

 

Tengo los ojos puestos en el Señor,

que saca mis pies de la red.

Vuélvete a mí y ten piedad, que estoy solo y afligido.

 

Señor, ensancha mi corazón encogido...

 

Guarda mi vida y líbrame,

que no quede defraudado de haberme acogido a TI.

 

(salmo 25)

 

3. LECTURA

 

Aquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Acudió tanta gente, que tuvo que subir a sentarse en una barca; la gente toda se quedó en la playa. Les habló de muchas cosas en parábolas.

 

—Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, unos granos cayeron en la vereda; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros cayeron en el terreno rocoso, donde apenas tenían tierra; como la tierra no era profunda, brotaron en seguida: pero en cuanto salió el sol se abrasa­ron y, por falta de raíz, se secaron.

 

Otros cayeron entre zarzas; las zarzas crecieron y los ahogaron. Otros cayeron en tierra buena y dieron grano, unos, ciento, otros, se­tenta; otros, treinta. ¡Quien tenga oídos , que oiga!

 

Escuchad ahora vosotros la parábola del sembrador:

 

Siempre que uno escucha el mensaje del Reino y no lo entiende, viene el Malo y se lleva lo sembrado en su corazón; eso es “lo sem­brado en la vereda”.

 

“Lo sembrado en terreno rocoso” es ese que escucha el mensaje y lo acepta en seguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstan­te, y en cuanto surge una dificultad o persecución por el mensaje, falla.

 

“Lo sembrado entre zarzas” es ese que escucha el mensaje, pero el agobio de esta vida y la seducción de la riqueza lo ahogan y se queda estéril.

 

“Lo sembrado en tierra buena” es ese que escucha a! mensaje y lo entiende; ese sí da fruto y produce en un caso ciento; en otro setenta, en otro treinta  (Mt 13. 1-23).

 

 

4. REFLEXIÓN

 

Vosotros...

entended la siembra del sembrador

 

Quien oyendo no entiende,

quien viendo no ve...

es que tiene embotado el corazón.

¿Tú sabes con qué?

 

SI ERES... DEL CAMINO

 

Es que tus ojos se cerraron.

No te enteraste de que había VOZ dentro de ti.

El Malo entró a hurtadillas en tu corazón...

y te robó la Palabra.

 

SI ERES... DEL PEDREGAL

 

Vives en superficie.

Eres de corazón inquieto y nada profundo;

la dificultad no te acrece. Sucumbes.

 

SI ERES... DEL ZARZAL

 

Dejas crecer juntas Palabras y Pasiones.

La pasión, TU pasión, te seduce; ahogas SU Palabra.

Dios clama en ti, pero se apaga su voz. Vocean más tus placeres.

 

SI ERES... DE LA BUENA TIERRA

 

La palabra de Dios encuentra en ti el calor de la acogida.

Y te duele la conversión;

y hay parto, con dolor, cada día.

La SEMILLA rompe la costra del terruño, y puja.

La PALABRA nace en ti, y Dios se trasparenta en tu vida.

 

 

5. ORACIÓN: Siembra en mí, Señor.

 

Que no quiero dejar tu semilla junto al camino.

 

No quiero ahogar palabras en el pedregal:

no pretendo el fácil contento de quien oye, se alegra... y nada más;

no quiero ser el “hombre sin raíz”, el inconstante,

el que fluctúa en el sí y el no de la conveniencia.

 

Tampoco quiero dejarte caer entre mis zarzas:

porque sé de mi debilidad,

porque, en un momento, te vendería por un placer,

porque sé de mis oportunismos;

porque he “aprendido” a “servir” a dos señores.

 

Que tu Palabra entre en mi por la Puerta Grande:

la que se abre a los amigos,

la que siempre tiene en el umbral el calor del abrazo,

la que es esperanza de fiesta para la casa,

la que es augurio de salida fecunda.

 

HABLA, SEÑOR

        

Quiero saber de tus caminos.

Hazme experto en tus sendas.

¡Guíame, enséñame!

 

HABLA, SEÑOR

Tu Palabra no será baldía en mí.

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