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Laboriosidad |
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EL LABRADOR Y SUS HIJOS
Un labrador, a punto de morir, quería que sus hijos tuvieran experiencia de agricultura, los llamó a su lado y dijo: «Hijos míos, en una de mis viñas hay guardado un tesoro.» Estos, después de morir el padre, tomaron las rejas y layas y excavaron todo el labrantío, pero no encontraron el tesoro; en cambio, la viña les dio una cosecha excelente. La fábula muestra que el trabajo es un tesoro para los hombres.
HERACLES Y EL CARRETERO
Un carretero venía conduciendo un carro desde una aldea cuando éste se le metió en una profunda vaguada. A pesar de que debería echar una mano, se quedó inactivo y empezó a rezarle a Heracles, el único de todos los dioses al que realmente veneraba y honraba. Entonces se le apareció el dios y le dijo: «Agarra las monedas y aguijonea a los bueyes. A los dioses se les debe rezar cuando hace algo uno mismo, si no es rezar en vano.»
Démanes
Démades, el orador, hablaba en una ocasión al pueblo Atenas. Al no prestarle los atenienses demasiada atención, dijo que le permitieran contar una fábula de Esopo aceptaron y empezó diciendo: - <<Deméter, la golondrina, y la anguila hacían el mismo camino. Llegados a un río, la golondrina echó a volar y la anguila se sumergió.» Dicho esto se callaron y le preguntaron: «Bueno> ¿y qué hizo Deméter?» El oráculo respondió: «Irritarse contra vosotros, que abandonáis asuntos del Estado y preferís oír una fábula de Esopo.»
Así también son insensatos los
hombres, que descuidan lo necesario y prefieren lo agradable.
LA NAVAJA
Un día la navaja, saliendo del mango que le servía de base se puso al sol y vio el sol reflejado en ella. Entonces se enorgulleció, dio vueltas a sus pensamientos y se dijo: ¿Volveré a la tienda de la que acabo de salir? De ninguna manera. Los dioses no pueden querer que tanta belleza degenere en usos tan bajos. Sería una locura. dedicarme afeitar las enjabonadas barbas de los labriegos. ¿Estoy destinada para un servicio así? Sin duda alguna que no. Me ocultaré en un sitio retirado y allí pasaré la vida tranquila. Después de vivir este estilo de vida algunos meses saliendo fuera de su funda al aire libre se dio cuenta de que había adquirido el aspecto de una sierra oxidada y que su superficie no podía reflejar ya el resplandor del sol. Arrepentida lloró en vano su irreparable desgracia y se dijo: ¡Cuánto mejor hubiera sido haberme gastado en manos del barbero que tuvo que privarse de mi exquisita habilidad para cortar! ¿Dónde está ya mi rostro reluciente? El óxido lo ha consumido.
Lo mismo acontece a esas mentes que
en lugar de ejercitarse y superarse se dan a la pereza lo mismo que la
navaja de afeitar, pierden su agudeza y la herrumbre de la ignorancia
las corroe. LA TORTUGA Y LA LIEBRE
Una tortuga y una liebre discutían sobre quién era más rápida. Así fijaron una fecha y un lugar y se separaron. La liebre, por su natural rapidez, descuidó el ponerse a la carrera. Se tiró al borde del camino y se durmió. Pero la tortuga, consciente de su propia lentitud no cesó de correr, y de este modo tomó la delantera a la liebre dormida y se llevó el premio del triunfo.
La fábula muestra que muchas veces
el esfuerzo vence a la naturaleza descuidada. EL PEDERNAL Y EL ESLABÓN
El pedernal, un día, al sentirse golpeado por el eslabón se revolvió sorprendido e indignado diciéndole: — Pero> ¿te has vuelto loco? Tú me has tomado por otro, porque yo no te conozco. ¡Así que déjame en paz, porque yo nunca he hecho daño a nadie! El eslabón lo miró y contestó sonriendo: — Si tienes un poco de paciencia, verás qué fruto maravilloso haré brotar en ti. Con estas palabras la piedra se calmó y con mucha paciencia soportó el martirio que el eslabón le infligía con sus percusiones. Hasta que de improviso partió de él el fuego maravilloso que con sus virtudes obraba extraordinarios prodigios.
Esta fábula va dirigida a los que
empiezan a estudiar y temen el estímulo que los exhorta a continuar.
Porque si continuasen con paciencia sus estudios verán nacer de ellos
cosas maravillosas. ES NOBLE PLANTAR PARA OTRAS GENERACIONES
Cuando llegó a oídos del Maestro la noticia de que un bosque cercano había sido devastado por el fuego, movilizó inmediatamente a sus discípulos: - «Debemos replantar los cedros» les dijo. - <<¿Los cedros?» exclamó incrédulo un discípulo. - «!Pero si tardan dos mil años en crecer...! » - «Entonces tenemos que comenzar de inmediato»> dijo el Maestro. «No hay ni un minuto que perder>>. |