25.- Empieza por ti


De joven yo era un revolucionario y mi oración consistía en decir a Dios:

- "Señor, dame fuerzas para cambiar el mundo".

A medida que fui haciéndome adulto y caí en la cuenta de que me había pasado media vida sin haber logrado cambiar a una sola alma, transformé mi oración y comencé a decir:

- "Señor, dame la gracia de transformar a cuantos entran en contacto conmigo. Aunque sólo sea a mi familia y a mis amigos. Con eso me doy por satisfecho".

Ahora, que soy un viejo y tengo los días contados, he empezado a comprender lo estúpido que yo he sido. Mi única oración es la siguiente:

- "Señor, dame la gracia de cambiarme a mi mismo".

Si yo hubiera orado de este modo desde el principio, no habría malgastado mi vida.

Índice Parabolas << Anterior Siguiente >>