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Domingo 6 de Mayo 2007 5º Domingo de Pascua (C) (Jn. 13, 31-35) P. Odilo González, c.p. |
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1. Cuando tu traidor come de tu plato
· La traición es un arma de doble filo que se clava en el alma. Quizás tú has pasado por esta experiencia. O la estás pasando… La persona que más amabas te asestó un golpe que tú nunca hubieras imaginado. · Es posible que esa herida esté sangrando todavía y tengas que convivir, cara a cara y en la misma mesa, con quien levantó contra ti el calcañar. · “Comer del mismo plato” … una expresión de cercanía, confianza, intimidad, privilegio, entrega mutua… Ese es el clima humano y altamente cordial de la última cena de Jesús con sus apóstoles. Todos “comen del mismo plato” con Jesús. También Judas. Jesús ama a Judas. Amor puro y heroico. ¡Qué incómodo para él sentarse a la misma mesa y “mojar el pan en el mismo plato” en que lo hace el traidor!
2. “Era de noche…”
· “Tan pronto salió Judas del Cenáculo” Jesús respiró hondo y exclamó: -“¡Ahora es glorificado el Hijo del Hombre!”. · Fue como una liberación, un llenar los pulmones a tope y soltar de golpe la válvula de sus emociones contenidas. La sombra negra de la traición desapareció para mezclarse con la oscuridad de aquella noche cerrada… Juan, siempre muy observador, apunta el detalle: “Era de noche…” · Noche afuera… noche dentro de Judas. Por eso la luz se volvió más luz dentro del Cenáculo. Jesús se siente a gusto, transmite serenidad y calma espiritual. · Te invito a que tomes tu asiento. Hay sitio para ti. Aprovecha para serenarte por dentro, buscar sosiego interior, pues esas prisas y agitaciones que te turban pueden hacerte mucho daño a ti y a los que te rodean.
3. La última lección “magisterial”
· Como buen Maestro, Jesús quiere terminar su “obra” y apela al tema del amor fraterno. Jesús es consciente de la realidad. Hay demasiadas fracturas en nuestra convivencia: malentendidos, sospechas, envidias, prejuicios, resentimientos, rechazos, intolerancias, desconfianzas, etc… · Viene Jesús y nos recuerda que no debe ser así, que ya está bien de mordernos unos a otros y que el verdadero cristianismo es una asignatura pendiente entre nosotros… · Y para que no haya duda, nos presenta el “DNI” (pero en cristiano). Es decir, nuestro “documento de identidad”: “la señal por la que conocerán que son discípulos míos es que se amen unos a otros”. Ni más ni menos. · Es Jesús quien establece esta “señal”. Y lo curioso es que habla de “la señal”, no de “una de las señales”. (Lee Jn, 13,33). Jesús relega a un segundo lugar otros signos o expresiones de la fe. No habla de templos o de grupos de oración o de asociaciones y cofradías, ni de escapularios y medallas y crucifijos colgados al cuello ni de procesiones o movimientos religiosos… Simplemente dice: “La señal por la que conocerán…”
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Esto no quiere decir que
estas “señales” no sean importantes y convenientes. Pero si falta
la “señal” que apunta Jesús, todo se reduce a un andamiaje
ficticio, a un triste simulacro religioso pero no cristiano. Lo que “cristianiza”
todo es el
4. Preguntas necesarias e impostergables
· ¿Nuestras comunidades religiosas y familias son cristianas? · ¿Los grupos parroquiales, movimientos, procesiones, templos y cultos son cristianos? · ¿Obispos, sacerdotes, religiosos/as y fieles bautizados somos cristianos? · La respuesta a continuación del versículo 33 del capítulo 13 del Evangelio de Juan. Sin fraternidad no hay cristianismo. |
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ORACIÓN
Debe de ser horrible, Jesús,
eso de compartir momentos íntimos |
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