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Fiesta del Cuerpo de Cristo (C) (Lc. 11, 9-17) P. Odilo González, c.p. |
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ORACIÓN Señor Jesús, igual que en tu tiempo, también hoy el hambre sigue siendo fiel compañera de miles y millones de seres humanos que luchan por sobrevivir y muchos caen en el camino… Al leer tu evangelio de hoy (fiesta del Corpus) me viene a la mente esa multitud de hermanos y hermanas que sucumben en la lucha y dejan tras de sí una sinfonía fúnebre de quejidos, lamentaciones y muerte…
También pienso en aquellos que padecen una seria desnutrición en su espíritu y se hunden lamentablemente en el mar de la debilidad, el vacío y la desesperanza… ¿Es que se acabaron los panes y los peces para dar de comer a tanta gente que se muere en los caminos de la vida? ¿Es que se agotaron los mensajes de esperanza para alimentar y fortalecer tanto espíritu roto y maltrecho?
Igual que a tus apóstoles, también me dices hoy a mí: -Dales tú de comer. -¿Cómo? ¿Yo dar de comer a tanta gente? -Sí. Dales tú de comer. -¿Pero…? -No tengas miedo. No te asustes. Tú puedes ser instrumento en mis manos para alargar tu mano, abrir tus labios, mover tus pies, movilizar tu corazón…Tú puedes llegar a aquellos a los que todavía no has llegado. Sin ti, yo tampoco podría llegar. Te necesito. -Pero, Señor… -Ya está bien de “peros”. ¡Manos a la obra! No podrás tú cubrir todas las necesidades. Pero salvarás tu honor y tu conciencia si haces lo que a ti te corresponde. Detrás de ti voy yo. -¿No será mucho compromiso para mí? -Estoy harto de lamentaciones por parte de quienes no mueven un dedo para aportar una solución. Yo quiero seguir dando de comer a las multitudes y me encuentro con la avaricia, el egoísmo y la insensibilidad de los moradores de la tierra, esa tierra que yo amo y me la han hecho irreconocible. -Se te ve molesto, Jesús… -¡No es para menos! Me duele que se siga diciendo que “no tienen qué comer” en una sociedad donde una minoría se lo apropia todo, lo maneja a su antojo y después quieren comprarse el cielo y acallar su conciencia con donaciones y “obras de misericordia”… Mi mejor fiesta sería ver una humanidad renovada, solidaria, sensible, donde todos puedan llevarse a la boca su alimento diario y a su espíritu unas buenas dosis de optimismo y esperanza.
Gracias, Jesús, por “destaparte” de esta manera. Me gusta que hables así, muy directo y personal, y me digas claramente que la mejor fiesta de tu “Cuerpo y de tu Sangre” consistiría en ser más humanos y solidarios, más justos y honestos, evitando toda discriminación y desigualdad entre hermanos. Entonces sería el momento (¡no antes!) de cantar bonitas melodías eucarísticas, comenzando por el solemne “Cantemos al Amor de los amores”… ¡Feliz fiesta, Jesús! |
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