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Domingo 13 de Enero de 2008 Bautismo de Jesús (A) Hch. 10, 34-38 P. Odilo González, c.p. |
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1. No todos estarían de acuerdo · Eso de que “está claro que Dios no hace distinciones”( Hch. 10,34) habría que verlo. Y si no, pregunta. En seguida te saldrán con aquello de que los ricos siempre tienen suerte, de que a los pobres les caen todas, de que los corruptos siempre triunfan y los que intentan vivir honestamente las pasan verdes, de que a mí, que soy tan bueno y cumplidor, me viene esta enfermedad y el vecino, que no pisa la iglesia, disfruta de tan buena salud…
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Y, por supuesto, el “culpable”
es Dios. El chivo expiatorio. El prestidigitador que maneja todos los
hilos de la suerte y de la felicidad o el fracaso de los humanos. · Esa es la imagen que se tiene de Dios en amplios sectores de la sociedad. Y con ella viven y se alimentan. Resultado: la “pérdida” de la fe, o la indiferencia y el olvido. A un Dios así no se le puede ni creer ni “amar sobre todas las cosas”. 2. ¿A quién hacer caso? · Ciertamente, a ese dios yo no me apunto. Es el dios (con minúscula) producto de la rabieta y la ignorancia, un dios que nada tiene que ver con el Dios que me presenta Jesús: “Él hace brillar el sol sobre buenos y malos, y caer la lluvia sobre justos y pecadores” (Mt. 5,45). · Me apunto al Dios que, según Pedro, “acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea” (Hch. 10, 34). 3. Un Bautismo como Dios manda · A todos los vientos. Las aguas del Jordán se tiñeron de universalidad cuando “Jesús de Nazaret fue ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo” (Hch. 10, 38). · Aquella mañana Dios era un Dios de todos y para todos en la persona de Jesús. Todo el poder para él. “Pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo” (Hch. 10, 38). A todos. Sin excepción. “Porque Dios estaba con él”. · El Dios del hijo pródigo y la samaritana, el Dios de la adúltera y del ladrón arrepentido, el Dios del Centurión y de la viuda de Naím… · Este Dios que también quiere pasar por tu vida, que te acepta como eres pero que sueña cosas nuevas para ti.
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ORACIÓN |
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Señor Jesús, ¿sabes aquello de que el ladrón piensa que todos son de su condición? Esto viene a cuento para explicar un poco la tendencia que los humanos tenemos de encasillar a los demás en nuestros propios moldes mentales. Eso mismo nos pasa a la hora de querer definir a Dios. Lo queremos hacer tan “nuestro” que hasta le ponemos pautas: Dios debería ser así…. actuar de otra manera…ser más exigente con aquel… más indulgente con aquel otro…Y hasta ponemos en duda su imparcialidad, su bondad infinita, su misericordia a toda prueba, su perdón sin límites… Es una forma de impedirle ser Dios para que se convierta en alguien como nosotros, siempre tan parciales y proclives a utilizar el látigo. Nos imaginamos un dios que no acierta a ser Dios, que todavía tiene mucho que aprender. De lo contrario el mundo no estaría tan mal y no habría tantas diferencias e injusticias. Siempre escurriendo el bulto. Y así vamos de tumbo en tumbo, sin acertar con la definición exacta del Dios-AMOR de que nos habla Juan. Lo achicamos tanto, lo ponemos tan a ras de suelo, que ya ni es Dios. Simplemente, un producto de nuestra mente débil y estrecha. Y así nos quedamos sin Dios. Te agradezco, Jesús, que en tu bautismo en las aguas del Jordán compartas conmigo la fuerza del Espíritu Santo, que no te la guardes sólo para ti. Eso me permitirá ensanchar y enriquecer el campo de mi fe, purificarla, fortalecerla. Una fe que me ponga a tono con el Dios verdadero y auténtico, sin reducirlo a mis pobres esquemas mentales. Una fe que me permita abrazarlo y aceptarlo tal como es: un Dios que lo trasciende todo y al mismo tiempo que se hace carne de mi carne. Así quiero caminar, Jesús. Como tú. Limpio en las aguas bautismales y ungido por el Espíritu. Abierto a un Dios que “todo lo hizo bien” y está por encima de las parcialidades humanas. Yo sé, Jesús, que todo lo imperfecto de este mundo no proviene de Dios sino de las limitaciones y malicias propias del ser humano. Y que los males que aquejan y dividen a nuestro sufrido planeta tienen una sola fuente: el pecado que, desde el inicio, envenenó las aguas y nos trajo estos lodos: guerras, hambre, escandalosa distribución de los bienes de la tierra, enfrentamientos, abusos de toda índole, ambiciones, depredación de la naturaleza, etc… Una manera de luchar a favor de un mundo mejor será que yo cuide de mi “ parcela”, la cultive con esmero y constancia, sin desfallecer jamás. De esta manera, igual que tú, también “yo pasaré haciendo el bien”, porque tú vas conmigo. Tomados de la mano. AMEN. |
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