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1.
Jesús, el alpinista del Espíritu
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Fíjate en el detalle: “bajó
Jesús del monte…” Podemos apreciar en Jesús un gusto especial por
las alturas, la soledad, el silencio… En su misión evangelizadora sabía
cultivar muy bien el aspecto contemplativo, dedicando horas al contacto
íntimo con su Padre. De ahí salía fortalecido y contagiando gozo y
optimismo por todos sus poros…
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Quería que su trato con la
gente fuera siempre rico en vitaminas, de tal manera que nadie se
quedase defraudado y famélico por culpa suya… Por eso, al bajar del
monte, se “paró en un llano” con un grupo grande de gente
procedente de toda la región…
2. Un discurso de “altos vuelos”
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“Altos vuelos” no
por la elocuencia humana o las palabras rimbombantes, sino por el
alto contenido de su mensaje. Eso es lo que dijo Jesús en el
“llano”… Dichosos los pobres, es decir, los libres de ataduras,
ambiciones y egoísmos… dichosos los que ponen, entre lágrimas y
esfuerzo, las bases para un futuro de libertad y buen
entendimiento…
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Y hasta se anima a
pronosticar recompensas eternas a quienes, por su Causa, se sientan
amenazados, insultados y difamados… “Su recompensa será
grande en el cielo”. Y exclama con vigor: “¡Alégrense y
salten de gozo!”
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Jesús siempre desafiando
a los “vientos contrarios”, consciente de que el poder del
Espíritu es capaz de arrasar por donde pasa.
3. Sin pelos en la lengua
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No todo es
“bienaventuranza” en los labios de Jesús. Hay un espacio también
para las “malaventuranzas”. Para aquellos que en esta vida no
piensan más que en disfrutar de manera egoísta de los bienes y
riquezas, no importándoles que a su puerta haya muertos de hambre y
se organicen grandes francachelas con los impuestos de los pobres…
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Habla de ricos que aquí
tienen ya su consuelo…de los sibaritas que sólo piensan en sí mismos
y en sus placeres… de los que ahora se lo pasan en grande aplastando
los derechos de los tirados en la cuneta de la vida…
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Y no falta una alusión
tan oportuna como ésta: “¡Ay si todo el mundo habla bien
de ustedes!” Cualquiera diría que Jesús está fuera de honda…
¿Acaso no es bueno y deseable que todos hablen bien de mí? ¿Es que
es malo que todos me digan cosas bonitas y agradables?
4. ¡Cuidado con la trampa!
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Es cierto que en el fondo
tú y yo deseamos que todos hablen bien de nosotros ¿no? Pero
¡alerta! Si todo el mundo habla bien de ti ¿no será que acaso
quieres contemporizar con todos, faltando alguna vez a tus
principios para contentar a todos? ¿No estarás actuando cambiando de
disfraz a cada momento y según la conveniencia?
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Recuerda que cuando
alguien se marca un camino y unos criterios bien definidos y trata
de ser fiel a ellos, inevitablemente surge la voz discordante. ¿Será
que, para acallarla y “quedar bien”, eres capaz de claudicar
a tu conciencia? ¿No te parece un precio demasiado caro?
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Las
palabras de Jesús nacen de su propia experiencia. No todos hablarán
bien del que siempre dice LA VERDAD. No “tu verdad”, porque
“tu verdad” no existe. Puede existir “tu opinión”, “tu
manera” distinta de ver las cosas. Pero “tu verdad” no.
No hay verdades a medias o personales. Lo que hay es LA VERDAD. Y
todo lo demás será aproximación o alejamiento de LA ÚNICA VERDAD.
¿Qué te parece esta aclaración?
ORACIÓN
Señor Jesús, cualquier palabra o
frase tuya es como un pozo sin fondo. Uno puede pasarse horas y
horas y siempre habrá “agua fresca” que sacie la sed de
infinito que todos llevamos dentro y que sólo tú puedes saciar.
Tengo que agradecerte el ejemplo
que me das por tu “espíritu contemplativo”. Ya sabes
el peligro de andar con los ojos del cuerpo bien abiertos, pero con
la mente dispersa y ocupada por tantas cosas… Y tú, “bajando del
monte”, me estás insinuando la necesidad de que yo también me
recoja un poco en la soledad y mire para dentro, que es donde reside
lo más importante de mi persona.
Ya de chiquito empecé a oír eso de
las “bienaventuranzas”… ¡Todo suena tan lindo! Pero dentro de
cada una bulle todo un mundo de ideas y exigencias… Las
Bienaventuranzas no son para quedarse uno tranquilo, como si todo
fuese una “canción de cuna” para dormirse plácidamente… Al
contrario, son aguijón que se clava y hace vibrar el alma.
Hay un momento en que dices “dichosos
cuando les odien, les insulten y les excluyan por causa mía”…
¡Menos mal! Eso de que sea por “tu causa” aclara las cosas,
porque…¿a quién le gusta que le insulten y calumnien? Pero siendo
por ti ¡que me cuelguen! Tú no hablas por hablar. Tú dices las
cosas tal como las sientes y vives. Y sabes muy bien lo que
significa ser insultado, despreciado, traicionado, calumniado, etc…
por cumplir tu plan de salvación. Viniendo de ti, ya puedes decirme
lo que quieras, que gozas de mi total credibilidad y confianza.
Todo esto que te estoy diciendo me trae a la memoria lo
que están sufriendo tantos hermanos católicos que, en diversos
países del mundo, viven cada día como una auténtica prueba de fe.
¡Hay que ser bien fuertes para superar tanto obstáculo y tantas
hostilidades por ser fieles a ti y a tu Iglesia! Me imagino entre
ellos y casi me da miedo al pensar qué haría yo en tales
circunstancias… Al fin y al cabo, yo vivo en un país que no conlleva
mayores riesgos el ser católico. Pero cuando pienso en los mártires
que cada año se ven privados de su vida por tu causa, no puedo menos
de sentirme orgulloso de una Iglesia que, con los defectos que
tenga, ofrece al mundo ejemplos tan maravillosos de fidelidad a ti y
el Evangelio. Bye, Jesús!
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