DOMINGO 4 FEBRERO 2007

5º tiempo ordinario (C) (Lc. 5.1-11)

P. Odilo González

1. Una mañana de sorpresas

 

  • Donde está Jesús (y donde le dejan actuar) siempre hay sorpresas. Es amigo y simpatizante de lo nuevo. Como siempre, la gente se agolpaba junto a él para escuchar palabras de vida, de aliento, de perdón…

  • En esto, observa que hay dos barcas vacías a la orilla del lago. Y como niño travieso, ¡zas! se sube de un salto a una de las barcas. Pedro, que estaba tranquilo remendando las redes en la arena, se da cuenta del detalle y se le acerca para facilitar que Jesús pueda hablar con más comodidad a la gente.

  • He aquí la curiosidad: ¿por qué Jesús, pudiendo subir a la otra barca, escoge la de Pedro? Así, de una manera tan sencilla, comienza Jesús su “operación vocacional”… subiéndose a la “barca”, no a la de cualquiera, indiscriminadamente, sino echándole el ojo a quien intuye que va a ser un buen fichaje para su obra.

 

2.  Pero no todo termina aquí.

 

  • Aquella mañana habría horas “extra” para Pedro y compañeros. –Rema mar adentro y echen  las redes. No preguntó si estaban con humor y ganas de trabajar… Fue un mandato. Y aquello parece que no le gustó mucho a Pedro… -Maestro, nos hemos pasado toda la noche trabajando y nada… Pero enseguida recapacitó… -Pero, ya que tú lo dices, echaré las redes…

  • Primeramente no puede menos de reflejar su desánimo y  cansancio… Pero reacciona al momento y abre las puertas al gran milagro… “y reventaban las redes…”  Lo que no habían podido pescar en las largas horas de la noche, lo consiguen ahora en unos minutos. Y todo, por el poder de Jesús. “Ya que tú lo dices….”

 

3.  No se lo esperaba…

 

  • Cuando aquella mañana parecía una jornada más de trabajo, he aquí que las cosas cambian súbitamente, un giro total en la vida de Pedro y compañeros. –No temas, de aquí en adelante serás pescador de hombres.

  • A cualquiera se le cruzan los cables… Así, al toque, sin previo aviso que se le abre un camino diferente… rumbo a lo desconocido… Sin embargo, actúan muy decididos, como sin pensárselo dos veces… “sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, le siguieron”.

  • Y aquí no se trata de lavado de cerebro. No hubo tiempo para ello. Aquí fue el poder de la palabra, la fuerza de una mirada… Se pone de manifiesto la radicalidad de Jesús, su estilo directo y personal, su puntería a la hora de señalar y comprometer a los que quiere…

 

4.  La tentación de los “buenos”

 

  • Nadie hay bueno sino Dios. Ya lo dijo Jesús. Pero llamemos “buenos” a los que trabajan y se esfuerzan por la paz y la concordia, los que son solidarios y se sacrifican por los demás, los que intentan vivir su fe aún en las circunstancias más difíciles y hostiles…

  • ¿Cuál puede ser la tentación para esos “buenos” de hoy?  El cansancio. Sí. Es ésta una de las tentaciones más frecuentes. Eso de luchar día a día en un ambiente de indiferencia, de aparente esterilidad, de escasa escucha y acogida… eso de ver y sentir que los resultados no llegan a pesar del esfuerzo realizado, de experimentar la ingratitud de aquellos por quienes uno ha luchado… eso acaba muchas veces por hacer tambalear los ánimos y preguntarse si vale la pena seguir adelante…

  • Por eso es lícito y explicable que se hable del “cansancio de los buenos”…

ORACIÓN

Jesús,  no sabes cuánto me alegro al leer hoy la respuesta de Pedro: -“Ya que tú lo dices, echaré las redes”.  Pedro no tenía ningún deseo de volver a pescar… ¡Toda una noche de faena y… nada! ¿Para qué repetir el fracaso? ¿Para qué  cansarse inútilmente? Una actitud normal, lógica… Se le notaba en la cara su justificado disgusto.

Pero tú no retiras tu palabra: -“¡Rema mar adentro… echa las redes”!  Y ahí radica el éxito de aquella mañana. ¡Todo un éxito! Pero… ¿por qué? Porque Pedro se fió de ti, en tu palabra. Ya no trabajaba él solo. En su interior ardía un fuego nuevo, un ánimo renovado. Eras tú quien “trabajaba” en él, era tu Espíritu quien alimentaba el esfuerzo de aquel bravo pescador.

Sí, Jesús, ¡imposible mirar hacia atrás cuando tú te metes en mi “barca” y desde dentro me impulsas a seguir! Igual que Pedro, también te digo que “en tu  nombre seguiré echando las redes” en ese mar inmenso de hombres y mujeres hambrientos de tu palabra;  de esos niños, adolescentes y jóvenes perdidos y desorientados en una sociedad huérfana de valores y modelos que imitar.

Yo sé que puedo esforzarme más por “remar mar adentro”, de comprometerme más y mejor con tantas tareas que yo podría desarrollar. Tengo cualidades, pero están como muertas en mí. Reconozco que estoy rindiendo tan sólo al 10, al 20 o al 30%... Por eso no me sorprende cuando noto un gran vacío en mí, una insatisfacción profunda… No hay proporción entre lo que estoy dando y lo que he recibido. En una palabra (aunque duela)… soy un enano con apariencias normales.

Me asusta la posibilidad de “cansarme”, de echar todo por la borda. Aunque lo poco que vengo haciendo es válido, a veces surge la tentación del desánimo. Yo sé que mi bautismo es la razón de mi existir como seguidor tuyo, pero eso de “bregar toda la noche sin coger nada” llega a asfixiar un poco y disminuye las reservas que uno cree tener.

Pero no te asustes, Señor Jesús. Aunque te diga estas cosas, sabes muy bien que puedes seguir confiando en mí y yo en ti. Esta confianza mutua me va a permitir superar todas las pruebas y cansancios y hacer mío lo que Pedro te dijo aquella mañana a la orilla del lago: -Por tu palabra, en tu nombre, Jesús, “echaré las redes” y gastaré lo que me queda de vida por ti. ¡Todo es tuyo! AMEN.

Otros Domingos, enviados por el P.Odilo González (PERÚ)

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