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1. Una mañana de sorpresas
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Donde está Jesús (y donde
le dejan actuar) siempre hay sorpresas. Es amigo y simpatizante de
lo nuevo. Como siempre, la gente se agolpaba junto a él para
escuchar palabras de vida, de aliento, de perdón…
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En esto, observa que hay
dos barcas vacías a la orilla del lago. Y como niño travieso, ¡zas!
se sube de un salto a una de las barcas. Pedro, que estaba tranquilo
remendando las redes en la arena, se da cuenta del detalle y se le
acerca para facilitar que Jesús pueda hablar con más comodidad a la
gente.
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He aquí la curiosidad:
¿por qué Jesús, pudiendo subir a la otra barca, escoge la de Pedro?
Así, de una manera tan sencilla, comienza Jesús su “operación
vocacional”… subiéndose a la “barca”, no a la de cualquiera,
indiscriminadamente, sino echándole el ojo a quien intuye que va a
ser un buen fichaje para su obra.
2. Pero no todo termina aquí.
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Aquella mañana habría
horas “extra” para Pedro y compañeros. –Rema mar
adentro y echen las redes. No preguntó si estaban con humor y
ganas de trabajar… Fue un mandato. Y aquello parece que no le gustó
mucho a Pedro… -Maestro, nos hemos pasado toda la noche
trabajando y nada… Pero enseguida recapacitó… -Pero, ya que
tú lo dices, echaré las redes…
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Primeramente no puede
menos de reflejar su desánimo y cansancio… Pero reacciona al
momento y abre las puertas al gran milagro… “y reventaban las
redes…” Lo que no habían podido pescar en las largas horas de
la noche, lo consiguen ahora en unos minutos. Y todo, por el poder
de Jesús. “Ya que tú lo dices….”
3. No se lo esperaba…
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Cuando aquella mañana
parecía una jornada más de trabajo, he aquí que las cosas cambian
súbitamente, un giro total en la vida de Pedro y compañeros. –No
temas, de aquí en adelante serás pescador de hombres.
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A cualquiera se le cruzan
los cables… Así, al toque, sin previo aviso que se le abre un camino
diferente… rumbo a lo desconocido… Sin embargo, actúan muy
decididos, como sin pensárselo dos veces… “sacaron las barcas
a tierra y, dejándolo todo, le siguieron”.
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Y aquí no se trata de
lavado de cerebro. No hubo tiempo para ello. Aquí fue el poder de la
palabra, la fuerza de una mirada… Se pone de manifiesto la
radicalidad de Jesús, su estilo directo y personal, su puntería a la
hora de señalar y comprometer a los que quiere…
4. La tentación de los “buenos”
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Nadie hay bueno sino
Dios. Ya lo dijo Jesús. Pero llamemos “buenos” a los que
trabajan y se esfuerzan por la paz y la concordia, los que son
solidarios y se sacrifican por los demás, los que intentan vivir su
fe aún en las circunstancias más difíciles y hostiles…
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¿Cuál puede ser la
tentación para esos “buenos” de hoy? El cansancio. Sí. Es
ésta una de las tentaciones más frecuentes. Eso de luchar día a día
en un ambiente de indiferencia, de aparente esterilidad, de escasa
escucha y acogida… eso de ver y sentir que los resultados no llegan
a pesar del esfuerzo realizado, de experimentar la ingratitud de
aquellos por quienes uno ha luchado… eso acaba muchas veces por
hacer tambalear los ánimos y preguntarse si vale la pena seguir
adelante…
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Por eso
es lícito y explicable que se hable del “cansancio de los
buenos”…
ORACIÓN
Jesús, no sabes cuánto me alegro al leer
hoy la respuesta de Pedro: -“Ya que tú lo dices,
echaré las redes”. Pedro no tenía ningún deseo de volver a
pescar… ¡Toda una noche de faena y… nada! ¿Para qué repetir el
fracaso? ¿Para qué cansarse inútilmente? Una actitud normal,
lógica… Se le notaba en la cara su justificado disgusto.
Pero tú no retiras tu palabra: -“¡Rema
mar adentro… echa las redes”! Y ahí radica el éxito de aquella
mañana. ¡Todo un éxito! Pero… ¿por qué? Porque Pedro se fió de ti,
en tu palabra. Ya no trabajaba él solo. En su interior ardía un
fuego nuevo, un ánimo renovado. Eras tú quien “trabajaba” en
él, era tu Espíritu quien alimentaba el esfuerzo de aquel bravo
pescador.
Sí, Jesús, ¡imposible mirar hacia atrás
cuando tú te metes en mi “barca” y desde dentro me impulsas a
seguir! Igual que Pedro, también te digo que “en tu nombre
seguiré echando las redes” en ese mar inmenso de hombres y
mujeres hambrientos de tu palabra; de esos niños, adolescentes y
jóvenes perdidos y desorientados en una sociedad huérfana de valores
y modelos que imitar.
Yo sé que puedo esforzarme más por “remar
mar adentro”, de comprometerme más y mejor con tantas tareas que
yo podría desarrollar. Tengo cualidades, pero están como muertas en
mí. Reconozco que estoy rindiendo tan sólo al 10, al 20 o al 30%...
Por eso no me sorprende cuando noto un gran vacío en mí, una
insatisfacción profunda… No hay proporción entre lo que estoy dando
y lo que he recibido. En una palabra (aunque duela)… soy un enano
con apariencias normales.
Me asusta la posibilidad de “cansarme”,
de echar todo por la borda. Aunque lo poco que vengo haciendo es
válido, a veces surge la tentación del desánimo. Yo sé que mi
bautismo es la razón de mi existir como seguidor tuyo, pero eso de
“bregar toda la noche sin coger nada” llega a asfixiar
un poco y disminuye las reservas que uno cree tener.
Pero no te asustes, Señor Jesús. Aunque te diga estas cosas, sabes
muy bien que puedes seguir confiando en mí y yo en ti. Esta
confianza mutua me va a permitir superar todas las pruebas y
cansancios y hacer mío lo que Pedro te dijo aquella mañana a la
orilla del lago: -Por tu palabra, en tu nombre, Jesús, “echaré
las redes” y gastaré lo que me queda de vida por ti. ¡Todo es tuyo!
AMEN.
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