Domingo 18 de Marzo 2007

4º Domingo de Cuaresma (C) (Lc. 15,1-3, 11-32)

P. Odilo González, c.p.

1. Cuando la basura le persigue a uno…

 

·        Eso consta. No es un invento piadoso. “Publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo” (Lc. 15,1).

·        Es decir, Jesús –el limpio, el irreprochable, el modelo, el santo—metido entre la basura… “Se acercaban”… ¿Acaso Jesús se escondía en el templo para no verse salpicado por ellos? ¿Acaso huía o erguía la mano para librarse de ellos con gesto amenazante? ¿Sería que Jesús estaba más pendiente de su “buena fama” que de la salvación de aquella “gente perdida”?

·        En alguna otra ocasión Jesús dice “he venido a curar a los enfermos, no a los sanos”.  Este era su argumento entonces y lo sigue siendo ahora.

 

2. ¿Dónde está la “basura” de hoy?

 

·        No es necesario andar mucho pasos… Quizás dentro de ti mismo haya acumulados algunos deshechos que sería bueno liquidar cuanto antes. Por eso, a la hora de dar una respuesta, no puedes autoexcluirte como si no fuera contigo la cosa…

·        Es cierto que la “basura” (la corrupción) asola y ensucia todos los estamentos sociales… Hay también la “basura humana”, esos seres marginados y excluidos, los sin voz ni voto, los sin documentos de propiedad, los sin tierra, los sin derechos, los sin dignidad reconocida..

·        Y los “basurales” pululan en los pueblos y ciudades, en lugares céntricos y conocidos, sepulcros blanqueados que por fuera deslumbran y dentro albergan toda clase de inmundicia y podredumbre…

 

3. ¿Hay alguien dispuesto a escuchar?

 

·        Muchos de los “publicanos y pecadores” de hoy también quieren acercarse para escuchar y ser escuchados…  Pero ¿quién está dispuesto a conversar con esta gente, mirarle a los ojos, acariciar sus palabras, aliviar su soledad, entrar en su mundo, recordarles su perdida dignidad?

·        Es fácil hablar de….. pero no desde…. Y Jesús hablaba “desde”, porque se dejaba rodear, apachurrar, y en más de una ocasión enjugar alguna lágrima y dar un beso en algún rostro arrugado y cansado…

·        La pregunta va para ti y para mí: -¿Estás dispuesto a “perder tu tiempo” descubriendo el tesoro de su dignidad humana en aquellos que se cruzan en tu camino y que hasta ahora no les regalas ni siquiera una mirada? ¿Seguirás rehuyendo lo que aparentemente es una “basura” pero que por dentro lleva incrustado en el alma el sello de Dios?

 

 

ORACION

 

 Oye, Jesús ¿recuerdas? Alguna vez me he llamado basura a mí mismo cuando me ví horrible ante tus ojos. No me reconocía. En el Bautismo quedé blanco como la nieve, pero después la vida fue dejando en mí sus huellas amargas.¡ Me veía tan deformado…!

Por eso tengo tantos motivos para estarte agradecido. Has aguantado mi olor a podrido, has mantenido tu mirada en mis ojos cansados y opacos, has aguardado a que de nuevo vuelva a recobrar mi imagen de hijo de Dios.

Nunca me has torcido la cara ni hecho un gesto despectivo. Jamás levantaste la mano para darme mi merecido. Siempre he podido encontrar en ti al amigo incansable y verdadero.

 

Sin embargo hay algo que me turba y crea en mí como cierto desasosiego interior. Se trata de mis actitudes con las personas que pasan por ser el “deshecho” de la sociedad. Viven en la calle y se refugian en cualquier rincón oscuro y maloliente. O sin llegar a ese extremo, vagan errantes y se cruzan en mi camino, por la misma acera o vereda, y hasta toman el mismo autobús o entran en el mismo templo…

Hermanas y hermanos que viven señalados por el infortunio familiar o laboral, que cubren sus famélicos cuerpos con lo que fue moda hace veinte años… Hombres y mujeres encerrados en sí mismos, pues nadie les habla ni menos se les escucha… Seres humanos   que, con culpa o sin culpa, han visto truncado su proyecto de vida y se han convertido en seres extraños e indeseables.

A veces les miro desde lejos como con miedo a manchar mi mirada… Y si me acerco a ofrecerles una moneda, lo hago a una prudente distancia como con temor a contagiarme.

Así soy yo, el que va a Misa todos los domingos, el que se dice bautizado y creyente en Dios, el que participa en reuniones de reflexión cristiana, el que celebra la Eucaristía todos los días, el que enseña a otros que “Dios es amor”…

 

Me asedia una pregunta, Jesús: ¿Qué hubiera hecho yo si fuera el hermano del hijo pródigo, aquel joven soñador en libertades (no en la libertad) que llegó a convertirse en un guiñapo humano? ¿Lo hubiera recibido con alegría, lo hubiera abrazado… o también levantaría mi voz y mis intolerancias ante la actitud bondadosa y acogedora de su padre?

 

Reconozco, Jesús, que no todo es oro lo que reluce en mi vida. Hay rincones en mi alma a donde no ha llegado todavía la misericordia, la paciencia, la caridad fraterna, la estima hacia el hermano que ha cometido un error… Y camino como si nada, como si no hubiera nada que rectificar, como si esto no tuviera importancia… No acabo de enfrentarme conmigo mismo y exigirme cuentas… ¿Sabes, Jesús?  Tango miedo de mí mismo, me pone nervioso reconocer y aceptar mi realidad. Hay tantas cosas que ordenar y priorizar… Y así van pasando los días y los años….

 

Tú sabes que te hablo con sinceridad, no te oculto nada. Y quisiera que, en base a esto, me eches una mano para ablandar mi corazón, renovar mi mente y enderezar lo que en mí está torcido. Dame un corazón grande para amar y una voluntad fuerte para saber y querer tomar la decisión que tú estás esperando de mí. ***

Otros Domingos, enviados por el P.Odilo González (PERÚ)

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