Domingo 11 de Marzo 2007

3º Domingo de Cuaresma (C) (Lc. 13, 1-9)

P. Odilo González, c.p.

1. La importancia de dar fruto o no

 

  • No es igual un árbol llenito de buenas manzanas que un árbol raquítico y con las ramas vacías y mustias…  A Jesús le debían de gustar de manera especial los higos, pues en varias ocasiones emplea parábolas que se refieren a esta linda fruta de nuestros huertos.

  • Pero a Jesús no le interesa tanto si son higos, manzanas o mangos. Jesús va siempre a lo profundo, a la enseñanza que se desprende de un árbol con las raíces secas y las ramas caídas…

 

2. ¿Qué piensas de tu vida?

 

  • No es por curiosidad. Simplemente, para facilitarte un minuto de reflexión. Porque tú necesitas hacerte estas preguntas: ¿Mi vida tiene sentido en la manera de cómo la estoy llevando? ¿Cuántas de mis ramas están repletas de fruto y cuántas se mantienen en completa esterilidad? ¿No será el momento de comenzar a cultivar esas raíces olvidadas y a la intemperie?

  • No eres tú solo el que se beneficiaría de tus frutos. Hay unas personas muy concretas que están ansiosas de acercarse a ti y saborear el fruto de la amistad, de la sonrisa, de una palabra, de un gesto de perdón, de un momento de calma para conversar…

 

3. ¿Cuánto tiempo más de espera?

 

  • Tanto tú como yo hemos dejado para “mañana” muchísimas cosas… ¿Te acuerdas de aquel dicho: “No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”?. Y así nos ha lucido el pelo, ¿verdad? Pudiendo haber avanzado bastante más en nuestro camino, nos encontramos con la sorpresa de que seguimos siendo enanos en tantos aspectos de nuestra personalidad.

  • La parábola del evangelio de hoy es muy explícita. El patrón dice al criado: “¡Córtalo, pues está ocupando lugar inútilmente!” Esa suele ser la solución cuando un árbol no produce.

  • Pero he aquí que el criado,  con muy buena visión de las cosas, interviene: “Patrón, déjalo un año más… Así tendré tiempo para cultivarlo. Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, lo cortarás”.

  • No hace falta mucho esfuerzo mental para que te des por aludido y sientas la necesidad imperiosa de empezar a cultivarte como persona y como creyente. De lo contrario, serás un  firme candidato a la mediocridad, que es el camino más corto para la insatisfacción y la esterilidad de tu vida.

  • Podrás sobresalir en muchas cosas. Pero si te falta el brillo de tu mirada, el ardor de tu fe y la transparencia de tu alma, se te va a notar. Aquí no hay disimulos.

 

ORACION

 

     Hay algo, Jesús, que siempre me ha impresionado: el saber esperar.

     Espera la madre que su hijo/a regrese a su hogar.

     Espera el enfermo recobrar la salud.

     Esperan los esposos recomponer su matrimonio en crisis.

     Esperan los hijos que sus padres acaben de una vez con su “guerra fría” (o caliente, depende).

     Espera el recién egresado encontrar trabajo, etc…

     Si nos fijamos un poco, todo es espera.

     Como si la esperanza fuese el eje de la vida, como si sin ella nada tuviese sentido.

    

     Así es, Jesús.

     Y lo más lindo es que también tú sabes esperar. ¡Qué bueno!

     Eso me reconforta y me llena de alegría.

     ¿Sabes por qué?

     Porque sé que también me esperas a mí.

     Esperar es una forma de amar.

     Si tú me sigues esperando es porque me amas.

     Así de sencillo.

 

     Pero, Jesús, ¿por qué esperarme tanto…?

     ¿Qué es lo que ves en mí que merezca tanto tu atención?

     ¡Ya lo sé!

     Tú esperas a que yo despierte de mi sueño para empezar a vivir mi Bautismo como a ti te gusta.

     Esperas a que yo dé un giro a mi vida, pues tal como va, me voy al hoyo.

     Esperas a que yo reaccione y me dé cuenta de que vivir de apariencias es lo más estúpido que puede haber.

     Estás a la espera de que yo dé el primer paso para ese abrazo de reconciliación que tú sabes, porque de lo contrario llegaré a viejo con un feo tumor en el alma.

     Esperas a que yo rompa de una vez con ese “amor prohibido” que se me coló en el alma, porque por ahí no sabré nunca lo que es ser feliz en la vida.

     Aguardas, Jesús, con impaciencia a que yo comience una vida espiritual en serio, porque lo que es hasta ahora no deja de ser un barniz que no convence a nadie ni a mí mismo.

     Esperas con ansia a que yo deje de andar arrastras en las cosas que se refieren a ti, porque eso significa que soy un peso muerto. ¡Y yo que estoy llamado a vivir y ayudar a vivir!

 

     Tengo una familia, tengo una comunidad, tengo un grupo que me están esperando.

     Siento que soy importante, aunque no imprescindible.

     Y me está entrando el gusanillo del remordimiento…

     ¿A cuántos que confiaban en mí he defraudado?

     Y a ti concretamente ¿cuántas veces te he dejado con la palabra en la boca?

     ¿Cuántas “noches” has dormido a mi puerta esperando una respuesta y un gesto de acogida?

     Tu evangelio (tu Buena Noticia) de hoy revuelve mis seguridades y me lleva a preguntarte: -¿No estarás, acaso, cansado de tanta espera? ¿No habrá llegado el momento de “cortar el árbol seco” para que no siga ocupando un lugar inútil?

     Con toda razón podrías tomar el hacha.

     Pero sé que tu paciencia y tu misericordia brillan más que tu justicia. Y eso me salva.

     No has perdido la esperanza de que este pobre arbolito se recupere y llegue a producir los frutos deseados.

     Yo sé que tú sabes esperar, porque tú eres amor.

     ¡Gracias, Jesús, porque sabes y quieres esperar!

     Eres un cielo.

Otros Domingos, enviados por el P.Odilo González (PERÚ)

21 de Enero de 2007 28 de Enero 4 de Febrero 11 de Febrero 18 de Febrero
25 de Febrero 4 de Marzo 11 de Marzo