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ORACIÓN (para el domingo 21 de enero 2007) Te digo, Jesús, que lamento mucho no haber estado en la sinagoga aquella mañana. De verdad. ¡Sólo por verte a ti siendo la "vedette" entre tus vecinos de Nazaret! Lucas dice muy clarito que "toda la sinagoga tenía los ojos fijos en ti". ¿Ves? Estoy seguro que tus ojos brillaban, tu rostro se cubría de cierta solemnidad y tus palabras, breves pero profundas, calaban en aquellos humildes paisanos tuyos…
De mano del profeta Isaías
lanzaste al mundo tu gran programa de acción y vida… Efectivamente: de
acción y vida. Porque para liberar tenías que ser libre. Para dar la
Buena Noticia era imprescindible una total asimilación por tu parte.
Para dar vista a los ciegos era de absoluta necesidad que desbordases de
luz por todas Sí, Jesús: vida y acción. Eso es lo que yo echo en falta en mí. Hago muchas cosas, me muevo de aquí para allá, pero… ¿qué dosis de vida pongo en cada cosa que hago? ¿Pongo vida o inercia? ¿Vida o muerte? ¿Vida o indiferencia? A veces puedo parecer una cosa y ser otra. Por fuera puedo aparentar, pero cuando me encuentro con mi desnuda realidad, me doy cuenta de mi autoengaño. ¡Terrible! Los años pasan y yo con la asignatura de autenticidad pendiente… Me vienen ganas de jalarte del manto (perdona la travesura) para pedirte que, por favor, me contagies de tu valor, de ese fuego tuyo interior, de esa claridad de ideas que te hacen tan singular y necesario. Singular, porque luz como la tuya no hay ninguna. Y necesario, porque si hay algo que necesito con urgencia es tu caricia que sana, tu perdón que salva, tu sonrisa que fascina y anima… A veces hasta me siento extraño por decirte estas cosas. Hasta pienso que, para hablarte así, haría falta ser cura o monja… Menos mal que yo "paso" de esas tonterías y te digo lo que siento, porque lo mío es ser sencillamente un cristiano de verdad, un bautizado lo más coherente posible, bautizado a mucha honra y comprometido de lleno con mis responsabilidades profesionales y familiares. Para eso no se necesitan títulos ni reverencias. Lo que sí hace falta es mucho "ardor apostólico", como solía decir tu "Juan Pablo Segundo, te quiere todo el mundo" (a todo esto ¡cómo lo extrañamos!). Bueno, pues ya te he dado la tabarra, Jesús amigo. Lo que me gusta de todo esto es que no me aburro contigo. A veces hay gente que dice que se aburre… Seguro que no te conoce por dentro. Si así fuera, otro gallo le cantaría y le parecería corto el tiempo pasado en tu compañía. Felicitaciones por lo de la sinagoga, aunque el domingo que viene veremos que la cosa no terminó muy pacífica que digamos. Ya conversaremos. Bye bye! |
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