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Domingo 2 de Septiembre 2007 22º del Tiempo Ordinario (C) (Lc. 14, 7-14) P. Odilo González, c.p. |
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1. Cuando no pasas desapercibido…
· Eso le pasó a Jesús: “Ellos lo observaban atentamente”. Es decir, no podía dar un paso sin que la gente le señalara o hablase de él. Y más cuando entraba a la casa de los pecadores o fariseos importantes del pueblo. · A veces molesta que se fijen en uno, sobre todo cuando quiere resguardarse en el anonimato. No sé si a Jesús le sucedía eso. Lo que sí sabemos es que, valiéndose de esa circunstancia, aprovechaba para soltar las “perlitas” de sus enseñanzas al público que le rodeaba.
2. No se le escapaba una
· Si ellos no le perdían de vista, tampoco él era ciego. Y he aquí que, ya dentro de casa y dispuesto a sentarse a la mesa, no se le ocurre otra cosa que fijarse en los que iban tomando los primeros asientos. Ni cortos ni perezosos, todos se iban cerca de la presidencia, es decir, al ladito del jefe… · Está visto: los primeros puestos han sido siempre apetecibles. Antes y ahora. Y como Jesús se las sabe todas, no duda en proclamar uno de los puntos fundamentales de su mensaje: la humildad. “Todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido” · No quiere decir que se queden las primeras sillas vacías. Para eso están: para ser ocupadas. Pero una cosa es tomar asiento de manera ordenada y respetuosa y otra dejarse llevar de la fiebre por ocupar los primeros puestos y que todos se enteren de que “yo no soy un cualquiera”…
3. Ni se libró el anfitrión
· ¿Quién invitó a Jesús a comer a su casa? ¡Nada menos que “uno de los principales fariseos” de la ciudad! Se supone que lo hizo con cariño y admiración. Pero, aún así, Jesús lo llama aparte y le recomienda que para otra vez, en lugar de invitar a sus colegas y adinerados, pase la invitación a los que nadie convida y que nunca le podrán devolver el favor. · Imagínate la cara de susto y sorpresa. Es que Jesús tiene siempre algo “nuevo” que no concuerda con “lo de siempre”. Cuando lo “lógico” sería otra cosa, a Jesús no se le ocurre sino decirle: “¡Dichoso tú porque no pueden pagarte!” ¡Bueno! ¡Lo que hay que oír… Está visto; la “novedad” de la Buena Noticia de Jesús va siempre a contrapelo de las “viejas” costumbres del “te doy para que me des” (y si es posible con intereses). A la ley de la “reciprocidad comercial” Jesús contrapone la “generosidad gratuita”.
ORACIÓN Señor Jesús, tú que conoces bien la psicología humana, sabes que hay una tendencia a figurar, sentirse el centro, acaparar la atención… Claro que depende mucho de la persona. Hay también quienes prefieren pasar desapercibidos y en el anonimato. Lo malo es cuando uno se siente superior a los demás. Busca la forma de humillar y minusvalorar al otro. Cuando uno es esclavo de su propio ego, no le importa que el otro desaparezca y se vea marginado y privado de sus derechos. Vive tan a fondo su “autoidolatría” (perdona la palabreja) que le parece hasta normal seguir actuando así. Tienes que venir tú para poner las cosas en su sitio. “El que se enaltece será humillado”. Puede pasar que los demás reconozcan tus virtudes o cualidades (dones de tu magnificencia), pero que uno busque aplausos y halagos… eso ya es harina de otro costal. Tú mismo tuviste alguna experiencia al respecto. ¿Te acuerdas cuando uno del público te soltó a quemarropa el piropo aquel “dichosos los pechos que te criaron”? La cosa iba por ti y por tu madre. Y no lo negaste. Lo único que hiciste fue derivarlo hacia algo que considerabas mejor: “Dichosos más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen”. Y así saliste airoso de la tentación de la vanagloria, tan común entre los mortales… Algo más que quisiera comentarte es lo siguiente: no hace ser muy sordo o ciego para uno darse cuenta de que vivimos la “civilización del propio interés”. Y tú, como siempre, poniendo la puntilla de lo “nuevo”: “Invita a quienes no pueden invitarte” (o algo así). El caso es que a ti te gusta poner todo de patas arriba. Eres difícil de conformar. Y está bien. Estoy contigo. Pero te digo una cosa, Jesús. ¡Hay mucho que bregar! Ya sabes que el materialismo atrofia el espíritu. Y llega un momento en que “tus sermones” no cuajan en la “sabiduría” de este mundo… “Hacer favores sí, pero con tal de que me los devuelvan”, parece ser el slogan que se vive y se practica. O sea que… de desprendimiento, gratuidad, acciones desinteresadas, muy pocas. Por eso no desaprovechaste la oportunidad para recordarle al pudiente fariseo del evangelio: “Cuando des un banquete, invita a los pobres, cojos y ciegos… ¡Dichoso tú que no pueden pagarte! Te pagarán cuando resuciten los justos”. Gracias, Jesús, por recordarme aquel principio siempre oportuno y válido: “Hay más alegría en dar que en recibir”. ¡Gracias por el doble mensaje de hoy! Ser humildes y dar gratuitamente, sin esperar nada a cambio. Aunque suene feo, lo acepto. ¡Es todo un programa de vida! ¡De una vida que nace de ti! *** |
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