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Domingo 19 de Agosto 2007 20º del Tiempo Ordinario (C) (Lc. 12, 49-53) P. Odilo González, c.p. |
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1. Cuando el frío se te mete en el alma
· Me viene a la mente aquella canción que dice: “El mundo muere de frío / el alma perdió el calor / los hombres no son hermanos / el mundo no tiene amor”. Es éste el peor de los “fríos”. El que llega a inmovilizar e inutilizar el alma. El que congela las aguas de la fraternidad y todo lo convierte en un escenario de indiferencia hacia el hermano. · Hay demasiado “frío” en nuestras comunidades, asambleas litúrgicas, nuestras casas e instituciones. Rutina y escasez de motivaciones, inercia y distanciamientos afectivos, “casos” no resueltos, rivalidades y envidias, extraños viviendo en común… Todo ello nos conduce al aislamiento, a sentirnos “islas” en nuestro mismo territorio.
2. ¿Es ésa la solución?
· El mensaje de Jesús apunta más allá. “He venido a prender fuego en la tierra ¡y ojalá estuviera ya ardiendo!” Es bueno recordar que el Espíritu Santo descendió sobre los Apóstoles en llamas de fuego. · El fuego calienta, activa, entona, fortalece, vivifica, mueve… ¡Eso es lo que quiere Jesús para tu vida! ¡Ojalá estuvieras ya ardiendo! No lo olvides: manteniéndote lejos del fuego, imposible que puedas “arder”. Tienes que meterlo dentro. · ¿Has oído hablar de los “discípulos de Emaús”? Regresaban a sus casas con el ánimo por los suelos. ¡Habían crucificado a su Maestro! En esto se les une alguien para levantarles el ánimo. Al final del trayecto, se dicen el uno al otro: -“¿No sentíamos arder nuestro corazón cuando nos hablaba de las Escrituras?” · ¡Era el mismo Jesús! El mismo que también quiere hablarte a ti y “prender” tu corazón. Déjate de tantas cosas banales y superficialidades, de tantas lecturas basura y películas sin mensajes válidos. ¡Tú mereces otra cosa! Lo tuyo es ir a la raíz de tu corazón y cultivarlo con cariño, echando mano de la Palabra amiga de Dios, de un contacto mayor con tus hermanos en la fe, buscando apoyo para tus dudas o cansancios, “bebiendo” en los sacramentos el “agua viva” de la gracia…
3. Una afirmación extraña
· Siempre has escuchado que Jesús es amante de la paz, el único que puede dar la verdadera paz, el “Príncipe de la paz”, etc… Por eso te puede chocar lo que dice en el evangelio de hoy: “¿Piensan ustedes que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división”. · ¿Sorprendente, no? Mira, lo que quiere decir con todo esto es que será siempre un “signo de contradicción”. Él quiere y desea la paz, porque la paz es amor. Y él invita al amor: “Ámense unos a otros…” · Pero, al mismo tiempo, es muy consciente de que su presencia en el mundo va a agradar a unos y molestar a otros. Unos le van a aceptar y otros lo rechazarán. Esa es la realidad ¿no te parece? En una misma casa habrá quien siga a Jesús y quien le importa un comino su persona y su mensaje. · Es decir, Jesús apunta a una realidad que se dio siempre y sigue dándose en nuestros días. El no quiere división. Pero es consciente de que su presencia causa división. No porque sea buena y deseable. Sencillamente es una realidad. Jesús apunta al hecho, no al deseo. Su ilusión y anhelo más profundo sería ser aceptado por todos. Pero no lo es. Por eso las divisiones dentro de las mismas familias, centros educativos, movimientos religiosos, etc. · De ahí la necesidad que tienes de definirte. Ya lo dijo Jesús: “El que no está conmigo, está contra mí”.
ORACIÓN
Tú hablas de fuego y nosotros venimos con baldes de agua fría… Tú hablas de calor y a nosotros no se nos ocurre otra cosa que construirnos una “nevera”… Me estoy acordando de aquella otra canción que dice: “Si Dios es alegre y joven, si es bueno y sabe sonreír ¡sí! ¿Por qué rezar tan tristes? ¿Por qué vivir sin cantar ni reír”. Sí. Ya sé que no siempre estamos de buen humor y con la sonrisa en los labios. Pero para eso estás tú, para calentarnos por dentro e inyectar optimismo en nuestro espíritu cansado. Para eso es necesario abrirte las puertas y nosotros las mantenemos entreabiertas. En el fondo, hay como cierto recelo o desconfianza hacia ti. Tú eres muy exigente. Y eso asusta un poco. Eso de tener que cambiar ciertas cosas o actitudes… Y así va pasando el tiempo, con nuestros “resfriados” espirituales, buscando siempre alguna disculpa para no dar el paso. ¡Ay, Jesús, cómo me duele que tu fuego no acabe de prender al cien por cien en todos aquellos que estamos bautizados! Llevamos el título, pero lo escondemos. Decimos que somos, pero no lo vivimos. Y así nos convertimos en fantasmas caminando entre incoherencias y fallidos compromisos de fidelidad cristiana. Me impactan de verdad tus palabras: “Viene a traer fuego a la tierra ¡y cuánto desearía que estuviera ardiendo”! ¡Y pensar que no arde en su totalidad porque soy un irresponsable y me mantengo en una repugnante tibieza espiritual! Y hablando de tibieza (es decir, ni frío ni caliente) me golpean aquellas palabras del Apocalipsis 3,15-16: “No eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras lo uno o lo otro. Desgraciadamente eres tibio. Ni frío ni caliente. Y por eso voy a vomitarte de mi boca”. ¡Horrible! Es como para pensarlo ¿verdad? Es urgente tomar una decisión. ¡Ya! ¿Te imaginas a tu Iglesia donde todos fuéramos llamas ardientes que por donde pasan empieza a resurgir un nuevo mundo, una nueva familia, una nueva sociedad, unas nuevas estructuras sociales, políticas y religiosas? ¿Acaso no sueñas, Jesús, en que yo pueda convertirme en brasa viva para derretir mis hielos interiores y colaborar así a que tu fuego purifique y renueve la faz de la tierra? ¡Contágiame de tus sueños! Me horroriza dejar de soñar. Porque entonces estaría muerto. |
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