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Domingo 20 de Enero de 2008 2º del Tiempo Ordinario (A) 1Cor. 1, 1-13 P. Odilo González, c.p. |
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1. ¿Apóstol? ¡A mucha honra! · Da gusto cuando alguien está feliz con lo que es. A Pablo le pasaba lo mismo. Ya al inicio de su primera carta a los corintios se descubre y se dice “llamado a ser apóstol de Jesucristo”. · No se avergüenza, no se esconde, no disimula. Orgulloso de proclamarse seguidor de Jesús, se presenta a los hermanos para compartir y fortalecer la fe. · Pero no por decisión propia, sino “por designio de Dios”. ¡Vaya tarjeta de presentación! Se siente elegido y enviado por él. Y no se arredra ante las dificultades. Fuerte y convencido de su vocación evangelizadora. ¡Así es Pablo!
2. ¡Qué suerte la de los corintios! · Pablo los llama “consagrados” y “pueblo santo”. Eso no se dice a cualquiera. Bueno… todo tiene su explicación. ¿Sabes qué? · Para Pablo toda persona bautizada es persona “consagrada”, “santa”. O sea que, si tú estás bautizado, alégrate, pues también va contigo. Por el bautismo tú fuiste consagrado, elegido, santificado. · Lo que sí tendrías que preguntarte es si sigues haciendo honor a esa condición original. Lo que un día fue santo puede haber degenerado en otra cosa… Lo que en su momento fue consagrado puede haber perdido su frescura e identidad. ¿Cómo te sientes?
3. Una Comunidad en problemas · Los corintios, a pesar de ser “consagrados” y “santos”, estaban pasando por un momento crítico. A todo grupo humano, tarde o temprano, le acecha la tentación de la discordia, los bandos, la división… · Por eso Pablo, en su saludo, lo primero que hace es desearles “gracia y paz a ustedes de parte de Dios”. Así, de manera directa y sencilla, les hace ver la necesidad de arreglar entuertos, clarificar actitudes, darse la mano y unificar criterios. · Lo que, seguramente, estás necesitando tú en tu familia, en tu grupo o lugar de trabajo. Nadie se escapa a la posibilidad de rectificar o unir lo que está separado. Por las rendijas se va la fuerza. Y uno se agota y pierde las energías necesarias para el camino. · También las palabras de Pablo suenan para ti: “Gracia y paz para ti y los tuyos de parte de Dios nuestro Padre”. Acógelas si quieres vivir. Sí. Vivir. Porque una vida sin gracia ni paz no es vida. Y tú lo sabes bien.
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ORACIÓN |
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Oye, Jesús, ¡qué fino tu apóstol Pablo! Para afianzar su autoridad ante los corintios no recurre a títulos ni a pergaminos sino a su condición de apóstol tuyo. Más que suficiente. A él le interesa borrar su condición anterior de perseguidor para convertirse en tu enviado, libre de toda sospecha y abocado totalmente a anunciar tu nombre. Con elegancia espiritual y convicción absoluta se reconoce apóstol “por designio divino”. Es esta fe la que le hace intrépido y enfrentar las situaciones difíciles. Porque Pablo no lo tuvo fácil. Toda clase de prejuicios y malentendidos se abalanzaron sobre él, sobre todo por parte de muchos judíos que no acababan de asimilar su cambio radical y conversión posterior. Ahí radica el interés de Pablo por aparecer ante las comunidades con el salvoconducto de apóstol tuyo, no por capricho suyo personal, sino “por voluntad de Dios”. Esto le daba la necesaria autoridad para constituirse en intermediario y animador de la fe de las comunidades. Aceptando que Pablo era un gran conocedor del judaísmo, primero, y gran teólogo del cristianismo después, yo quisiera resaltar, Señor Jesús, la osadía con que actuó abriendo caminos a tu Evangelio, de manera prioritaria por los países de Asia y Europa, haciéndose así acreedor al sobrenombre de “apóstol de los gentiles”. Su actuación en tierras griegas, concretamente en Corinto, fue espectacular. Comunidad pujante e ilusionada. Pero con problemas notables que zarandearon en un momento su convivencia fraterna. Pablo hace acopio de su sabiduría y paciencia. Y lo hace en compañía de Sóstenes, su hermano en la fe. Este detalle merece toda la atención. Fíjate, Jesús, que Pablo no se enfrenta solo a la situación. “Yo y Sóstenes, nuestro hermano, escribimos a la Iglesia de Dios en Corinto”. No busca un éxito personal y exclusivo. Comparte diálogo, preocupaciones y posibles soluciones. Reconoce que la labor evangelizadora es mucho más eficaz y “cristiana” cuando se reparten responsabilidades y se valora la inestimable ayuda que otros puedan aportar. No puedo dejar de referirme a uno de los más perniciosos errores que debilitan la acción pastoral: los personalismos, exclusivismos, individualismos… ¡Son grietas por donde se pierden tantas energías…! Y tú, Jesús, sabes mucho de estas cosas, pues no en vano te hiciste rodear de doce inestimables colaboradores, aunque después uno te saliera rana… Pienso también en todos aquellos laicos comprometidos que se encuentran, a veces, bastante solos en su labor evangelizadora. Y no sólo eso. También objeto de burlas, calumnias e incomprensiones. Y lo afrontan con fe y constancia. “Con su perseverancia salvarán sus almas”. Ni la soledad ni la indiferencia lograrán hacerles recoger las redes. Saben que “en tu nombre” es posible seguir “mar adentro”… Ejemplos como el de Pablo son los que necesitamos en tu Iglesia de hoy. Intrepidez, convicciones profundas, compartir fraterno en la acción pastoral, humildad y compañerismo, gracia y paz. Ya ves, Jesús, que en buen fregado me has metido. Ya sé que te frotas las manos. Como siempre. Menos mal que no estoy solo. Hay muchos “consagrados” y “santos” que, igual que yo, seguro que lo están pensando seriamente. Cuestión de coherencia cristiana. ¡Échanos un cable por si acaso! AMEN. |
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