Domingo 1 de Julio 2007

13º del Tiempo Ordinario (C) (Lc. 9, 51-62)

P. Odilo González, c.p.

1.     ¡Largo de aquí!

 

·        Eso es lo que le dijeron los samaritanos a Jesús de paso hacia Jerusalén. Y no tuvo más remedio que pasar ligerito por aquella Samaria hostil y enemiga de los judíos. Puertas cerradas. Corazones endurecidos por esos odios “limítrofes” que tanto abundan…

·        Jesús también quiere pasar por tu “territorio”, desea hospedarse en tus aposentos interiores, sentarse a conversar contigo, preguntarte cómo te va, tenderte una mano y decirte: “Soy tu amigo”.

·        ¿Cuántas veces le has dicho “largo de aquí” a este peregrino de tus caminos, si no con palabras, al menos con los hechos y actitudes?

 

2.     Jesús no pierde la calma

 

·        Los apóstoles no dudaron en plantearle la posibilidad de la revancha. “Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que los consuma?” (Lc. 9,54).  La respuesta de Jesús no se hizo esperar. “Dándose media vuelta, los reprendió y pasaron a otra aldea” (Lc. 9,55-56).

·        No sé si tú hubieras firmado la petición de Santiago y Juan. En todo caso, sería bueno que te preguntaras a ti mismo cuántas veces te has dejado llevar de ideas vengativas, de represalias y revanchismos…

·        Ya ves: Jesús no pierde la calma. Sencillamente trata de enderezar la situación con una corrección fraterna y sigue su camino “a otra aldea”…

  

3.     Siempre hay alguien con la puerta abierta

 

·        Siempre hay una alternativa para el amor. Nunca todas las puertas están cerradas. Siempre hay “otra aldea” que se abre a Jesús.

·        Hay miles de posibilidades para que tú puedas seguir laborando por el Reino. Si una puerta se te cierra, hay cientos que se abren. Por eso declara la guerra al pesimismo, al “cansancio”, a la tentación de dejarlo todo…

·        Siempre habrá alguien con la puerta abierta para recibirte, siempre habrá “otra aldea” para hospedarte, siempre existirá alguien que te diga “¡te estaba esperando!”

 

ORACIÓN

 Señor Jesús, tú te las sabes todas. ¡Qué manera más digna de salir de una situación incómoda! Te sentiste rechazado y… ¡como si no hubiera pasado nada! Se te cerraron las puertas en Samaria y con toda sencillez te vas al siguiente caserío… Santiago y Juan te vienen con fuegos apocalípticos y tu única respuesta es hacerlos a un lado y decirles que así no se habla en tu escuela…
En fin, siempre tienes una solución: la del amor, la comprensión, la indulgencia, aquello de “no saben lo que hacen”… ¿Te acuerdas que hasta en la cruz tratabas de disculpar a los verdugos de turno? A ti no hay quien te cambie, no como yo que soy hoja que lleva el viento, los oportunismos y aquello del “ojo por ojo”… Y así ando bizco por la vida sin lograr tener una visión completa de tu mensaje de amor y de perdón.

¡Menos mal que tienes una paciencia de Job! (con perdón, que Job se queda chiquito junto a ti). Tú conoces súper bien la condición humana (para algo el Verbo se hizo carne ¿no?) y sabes lo que me pasa: a la primera dificultad o contratiempo en mi camino cristiano, surge la duda o la tentación de abandonar; ante cualquier puerta cerrada ya pienso que hay que irse a casa; que ante un desprecio lo mejor es recoger velas… ¿Te das cuenta de lo vulnerable que soy?

Ya sé que no es cómodo seguirte. Tú mismo lo aclaras en el evangelio de hoy: “El Hijo del Hombre (¡va por ti!) no tiene donde reclinar su cabeza” (Lc. 9,58). Es decir, que los que te siguen ya pueden hacerse a la idea de que lo tuyo no es “instalarse”, “acomodarse”, “ascender”… Tus proyectos son otros: “salir al camino”, “desinstalarse”, “correr los riesgos del compromiso”, “entrega radical”…

¿Sabes? Aquello de “quien pone la mano en el arado y mira atrás no es digno de mí” siempre me ha impactado. Suena a un futuro que hay que enfrentar, unas promesas que cumplir, un programa que realizar, un proyecto que vivir… Todo eso, Jesús, me fascina. ¿Cómo retroceder en el camino comenzado, cómo distraerme con voces huecas, cómo dar la razón a los eternamente insatisfechos y aburridos, a los que simplemente por un fracaso aislado se sienten derrotados? ¡Jamás!

“¡Tú tienes que salir a anunciar el reino de Dios!, dijiste a alguien que no estaba del todo convencido. Este lenguaje imperativo me llega al alma y no puedo andar ya con medias tintas. ¡O todo o nada! Gracias, Jesús, por ser como eres: sincero, paciente, radical en tu entrega, amigo y compañero. ¡Vale la pena seguir luchando y gastándome por ti! AMEN.

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